La empresa que fundó mi abuelo, y continuaron mi padre y mis tíos, no consiguió pasar de la tercera generación, pero aprendí una lección: que hay que controlar realmente la rentabilidad y tomar las medidas oportunas.

Aprendí que una contabilidad bien hecha es la base de todo control, pero no es suficiente. Necesitamos conocer la rentabilidad de cada producto o servicio, hacer previsiones y analizar las desviaciones.

Afortunadamente hoy disponemos de medios asequibles a cualquier empresa, como las hojas Excel, y los programas de gestión.

También creo que un comportamiento socialmente responsable es compatible con la rentabilidad en los negocios.

A la confianza del Instituto Aragonés de Fomento, a las asociaciones de desarrollo comarcal, y a los emprendedores, debo la experiencia adquirida en costes y rentabilidad.

Gracias a mis padres, hijos y amigos.